EL SUR TAMBIÉN EXISTE

Si fuesen míos los paños bordados de los cielos, tejidos con luz de oro y plata, los paños azules, sombríos y oscuros de la noche, la luz y el crepúsculo, los tendería a tus pies. Pero yo, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. he esparcido mis sueños bajo tus pies. Camina suave porque pisas mis sueños. w.b. Yeats





"Pero aquí abajo abajo,cerca de las raíces,es donde la memoria ningún recuerdo omite. Y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible. Que todo el mundo sepa que el Sur también existe" Mario Benedetti.


"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es aullar sin ruido" M. Duras http://t.co/


viernes, 13 de abril de 2018

La libertad otoñal es un milagro

La libertad otoñal es un milagro

Gilles Deleuze
De joven eres fuerte en grupo;
de viejo, en soledad.
– Goethe
Luego llega el momento en que Picasso es viejo. Está solo, abandonado por su grupo, abandonado también por la historia de la pintura, que, entretanto, ha tomado otra dirección. Sin pesar, con un placer hedonista (nunca su pintura desbordó hasta tal punto de buen humor), se instala en la casa de su arte, a sabiendas de que lo nuevo no sólo se encuentra por delante en el gran camino, sino también a la izquierda, a la derecha, arriba, abajo, detrás, en todas las direcciones posibles de su mundo, inimitable, que no le pertenece sino a él (porque ya nadie lo imitará, los jóvenes imitan a los jóvenes; los viejos no imitan a los viejos).
No es fácil para un joven artista innovador, seducir a un público y hacerse querer. Pero cuando, más tarde, inspirado por su libertad otoñal, transforme una vez más su estilo y abandone la imagen que se hacían de él, el público dudará en seguirle. Federico Fellini, relacionado con los jóvenes del cine italiano (aquel gran cine que ya no existe), gozó durante mucho tiempo de unánime admiración; Armacord (1973) fue la última película suya sobre cuya belleza lírica todo el mundo estaba de acuerdo. Luego, su fantasía se desencadena aún más y su mirada se agudiza; su poesía pasa a ser antilírica; su modernidad, antimoderna; las películas de sus quince últimos años son un retrato implacable del mundo en el que vivimos: Casanova (imagen de una sexualidad ostentosa, que alcanza límites grotescos); Ensayo de orquestaLa ciudad de las mujeresY la nave va (una despedida de Europa, cuya nave se encamina hacia la nada, acompañada de arias de ópera); Ginger y FredEntrevista (gran despedida del cine, del arte moderno, del arte a secas); La voz de la luna (despedida final). Las tertulias, la prensa, el público (e incluso los productores), irritados en esos años por su estética tan exigente y por su visión desencantada del mundo contemporáneo, le dan la espalda; ya sin deber nada a nadie, saborea “la alegre irresponsabilidad” (lo cito a él) de una libertad que no había conocido hasta entonces.
Durante sus diez últimos años, Beethoven ya no espera nada de Viena, de su aristocracia, de sus músicos; él tampoco los escucha a ellos, aunque sólo sea porque está sordo; está en la cumbre de su arte; sus sonatas y sus cuartetos no se parecen a nada anterior; están lejos del clasicismo por la complejidad de su construcción sin acercarse por ello a la fácil espontaneidad de los jóvenes románticos; en la evolución de la música, tomó una dirección que nadie había seguido; sin discípulos, sin sucesores, la obra de su libertad otoñal es un milagro, una isla.
Milan Kundera
El telón
***
La vejez, vino a decirme, era en realidad ideal, porque en ella se alcanzaba una libertad que antes uno no tenía. Gran bocanada de humo después de decir esto. Rabia contenida, por mi parte. Se le veía feliz y bordeando una alegría extrema, insultante. Decidí preguntarle si no le parecía una obscenidad insoportable ser feliz. Respondiéndome como si hubiera detectado el odio que en aquel momento le tenía y quisiera aumentarlo, me dijo que, con mi permiso y aunque fueran ya las cinco de la tarde, iban a seguir varias reflexiones más sobre la felicidad, la última de las cuales giraría en torno a la felicidad de fumarse dos puros en Navidad. Y luego comenzó una larga monserga en torno a la idea de que eran libres e insubordinados los años de vejez. Dijo que el viejo en general es un verdadero hombre, porque sabe que es un hombre fuera de lugar, es alguien que llena de vida el espacio vacío de la vida y entiende el juego mejor que el jugador porque, al estar fuera de él, no está distraído por el esfuerzo al que está obligado quien participa en él.
Enrique Vila-Matas
Doctor Pasavento
***
La vejez no es un mal en absoluto. Con el dinero suficiente y si le queda a uno la salud suficiente, es maravilloso. ¿Y por qué es maravilloso? Bueno, creo que, en primer lugar, porque ya no queda más que la vejez, ante todo, uno ya ha llegado, ¿no?, no es poca cosa. No es un sentimiento de triunfo, pero, en fin, el hecho es que uno ya ha llegado. Uno ya ha llegado, después de todo, en un mundo que trae consigo guerras, porquerías de virus y todo lo demás… uno ha atravesado todo eso, los virus, las guerras, las porquerías: uno ya ha llegado. Y es un momento en el que ya no se trata de ser algo: se trata de ser, ser… Ya no hay que ser esto, ser aquello: es ser. El viejo es alguien que es… y punto. Siempre se puede decir: «Oh, es huraño; oh, no está de buen humor»; es a secas, vaya. Se ha ganado el derecho de ser a secas… porque, en cualquier caso, un viejo, alguien viejo siempre puede decir: «Yo tengo proyectos», pero es verdad y no es verdad. Son proyectos, pero no en el sentido en que alguien de treinta años tiene proyectos. En lo que me atañe, espero poder hacer dos libros que me importan: uno sobre la literatura, y uno sobre la filosofía. Espero poder hacerlo, lo que no quita que esté libre de todo proyecto, soy libre… sabes, cuando uno es viejo ya no es susceptible…
Uno ya no tiene… susceptibilidad, y además ya no se lleva ninguna decepción fundamental, vaya. Quiero decir que uno es mucho más desinteresado, cómo diría: uno quiere a la gente, de veras, por sí misma… Yo tengo la impresión, por ejemplo, de que la vejez afina la percepción: de las cosas que antes no habría visto, de las elegancias a las que no me había mostrado sensible –yo las veo mejor, porque miro a alguien por sí mismo, casi como si para mí se tratara de llevarme una imagen, un percepto, de extraer de él un percepto: todo eso hace de la vejez un arte. ¡Y los días pasan a tal velocidad! Con su escansión, el cansancio –pero el cansancio no es una enfermedad, es otra cosa. No es ni la muerte, ni la… es, una vez más, la señal del final de la jornada. Ahora bien, claro que hay angustias con la vejez, pero se trata de evitarlas, de conjurarlas. Es fácil conjurarlas, es un poco como con el coco: no hay que quedarse –o como con los vampiros, que por lo demás me encantan; no hay que quedarse solo por la noche, cuando empieza a hacer frío, porque uno es demasiado lento para salir del apuro. No, no hay que hacerlo, hay cosas que evitar, etc., pero… Y luego, lo maravilloso es que la gente te abandona, la sociedad te abandona, y eso, ser abandonado por la sociedad, es tal felicidad. Y no es que la sociedad me haya tenido muy enganchado, pero alguien que no tenga mi edad, o que no se haya jubilado, no puede figurarse la alegría que supone verse abandonado por la sociedad… Claro, cuando oigo a algunos viejos quejarse, bueno, son de aquellos que no soportan la jubilación, y desde luego no sé por qué: no tienen más que leer novelas, al menos descubrirán algo; no soportan, o… no creo en los jubilados que se… –salvo, tal vez, en el caso de los japoneses– que no pueden estar sin hacer algo. Quiero decir: es una maravilla, sí, te abandonan, y qué… o basta sacudirse un poco para que caigan todos los parásitos que has tenido en la chepa toda la vida. Caen: ¿y qué queda a tu alrededor? Tan sólo gente a la que quieres, sólo gente a la que quieres y que te soportan, que te quieren también cuando te hace falta: el resto te ha abandonado. Y aun así, cuando hablo, como yo, en ese momento, se hace muy duro cuando algo te alcanza. Yo no soporto, ya no tengo más que… ya no conozco la sociedad sino a través del recibo de la pensión todos los meses. Es algo –si no sé que soy un completo desconocido de la sociedad. Entonces, la catástrofe llega cuando hay alguien que cree que sigo formando parte de ella, y que me pregunta… Esto es algo completamente diferente, porque lo que estamos haciendo en este momento forma parte hasta tal punto de mi sueño de vejez… pero a quién me pide una entrevista, una conversación y todo eso, me dan ganas de decirle: «No, la cabeza ya no me funciona, ¿no estás al corriente de que soy viejo y de que la sociedad me ha abandonado?». Pero se está bien, te lo aseguro.
Gilles Deleuze
Abecedario con Claire Parnet
Imagen: Gilles Deleuze
Abecedario con Claire Parnet

viernes, 6 de abril de 2018

VIAJE HACIA LA CURVATURA DE LA LUZ. CUENTO DE ANA MARÍA MANCEDA


  VIAJE HACIA LA CURVATURA DE LA LUZ
      Ana María Manceda
  
                           
                No es lo mismo, desde ya, pero siento una caricia en la piel, este viejo zaguán con su puerta vidriada dejando fluir la luz del crepúsculo, con sus macetones repletos de flores me devuelven el olor de las plantas del pasado. La casa me espera con sus fantasmas, si no fuera por la alarma que parece presentirme y se apaga sola, creería que los años se hubieran detenido en mi niñez. Al entrar en la cocina-comedor siento un escalofrío, ahí está, la pantalla gigante, apagada, sin embargo te veo Yunus, estas ahí, ofreciéndome una copa de champaña y una sonrisa. Te eternizaste Yunus                                ¿Cómo poder vivir sin vos? Aquí estoy, tratando de aceptar esta existencia que atraviesa condiciones tan distintas de vida, pero existe algo que el hombre aún no ha podido cambiar, los sentimientos y eso es un gran triunfo de nuestra condición de humanos.
                Nuestra historia comenzó un atardecer de primavera. Llegué del laboratorio extenuada, el calor era insoportable. Sentí placer de estar en la casa fresca, ordenada. Bendito trabajo que me agotaba y no me permitía rumiar sobre mi soledad. Besé la foto de mi hijo con su familia, el sistema era antiguo pero bueno yo también era antigua, a los cincuenta y cinco el alma tiene sus huellas aunque la apariencia siga lozana. Gran ventaja la de transitar esta edad a fines del siglo veintiuno, las pastillas y las cremas son milagrosas. Mientras me preparo una ensalada prendo el plasma, me encanta seguir la novela de las ocho, la trama es interesante, pero el sonido de los arroyos y los olores de la flora de la hacienda donde ocurre el drama era  lo que me deleitaba. Recuerdo que cerré los ojos para respirar esa atmósfera, me prometí que en las vacaciones no iría al mar, contrataría una excursión a esa hacienda, cuando los abrí estabas vos Yunus, con la copa en la mano, de inmediato te reconocí, eras el ingeniero a quién le había hecho los análisis hace pocos días.   Hice lo que nunca me atreví, con tus instrucciones manejé el control y así pudimos charlar  ya ni recuerdo cuanto tiempo, nunca más me sentí sola. Desde ese día llegaba corriendo del laboratorio, me bañaba, perfumaba y cuando sentía que  brillaba prendía el plasma y comenzaban nuestras charlas, cenábamos juntos, nos reíamos ante la disparidad de comidas que inventábamos. No querías mostrarme tu casa de manera virtual,  querías que yo la conozca personalmente. Cuando decidí ir ya estábamos enamorados. Yo Mayra, viuda, sola, me había enamorado como una adolescente de vos Yunus, soltero, ingeniero de la Comunidad Latinoamericana, doce años menor.
                Como todas las ciudades satélites de la Capital, Cappa era ultramoderna, aunque cobijaba en algunos de sus barrios casas del siglo pasado, como la mía ¡eran tan encantadoras! De a poco le fui inyectando el confort moderno, conviviendo en ella el pasado y el futuro. Nunca había visitado una casa especialmente diseñada con aire de siglo veintidós hasta que visité la de Yunus, al entrar no pude disimular el impacto que me causó;  paredes acrílicas que se ahuman según el color  deseado o se dejan transparentes para que fluya la luz; todo funciona a energía solar, en el extraordinario baño lucen unas extrañas y bellas plantas, obtenidas por una cruza genética especial, se auto riegan  con la cantidad de nutrientes según los vayan necesitando. La bañera lo esperaba a Yunus con la temperatura ideal, él había programado la hora, la cantidad de agua, temperatura y espuma deseadas. Cenamos una comida exquisita ¿La cocinera? Un artefacto computarizado, la carne las untamos con una salsa que ni yo la hubiera logrado ¿Quién había puesto la mesa? ¡Sorprendente! Pedro, el robot, hacía todos los quehaceres domésticos, hasta elegía la ropa que iría al lavarropas. Deslumbrada entré al  universo de Yunus.
                Nuestra vida juntos siguió con nuestra actividad normal, yo en el laboratorio de análisis clínicos, él con su profesión que le exigía algunos viajes para asistir a  congresos planetarios pero los regionales los podía realizar desde la casa.
                Cuando me quedaba sola me divertía con Pedro, al que le faltaba reír y llorar ya que decía algunas frases programadas para ocasiones especiales, también me entretenía con las extrañas plantas, según la hora del día destellaban tonos dorados o intensos lilas, variando a su vez el perfume que exhalaban, era una fiesta para los sentidos. En otras oportunidades, cuando Yunus  se excedía en su trabajo, desde el dormitorio le cambiaba los colores de las paredes del escritorio, de un gris plateado a un rosado brillante, era un código entre nosotros, entendía que lo esperaba ansiosa. El instinto del amor y la pasión seguían incólumes a través de los tiempos. Algunas noches solíamos leer acostados, yo con mis libros de papel, necesitaba sentir en mis dedos el contacto con sus hojas, Yunus con su computadora  adaptable según la posición que tomara. En realidad era envidiable verlo como buscaba en instantes el significado de  palabras desconocidas o programar hologramas según alguna secuencia de la novela que leía, entonces me maravillaba ver en tridimensión paisajes y personajes que describía el autor pero con la imaginación de Yunus. Por supuesto se burlaba de mi antigüedad para leer, no me importaba, mis argumentos resaltaban el enriquecimiento de mi mente, cosa que él también lograba, no podía con sus teorías. Desde ya debía acostumbrarme a esa forma de lectura, no se fabricaba más papel, los bosques eran santuarios sagrados proveedores de oxígeno   y abrigo de especies en vía de extinción.
                El tiempo transcurría con nuestra dicha, mi hijo se sentía feliz de verme tan plena y lejos de la soledad. Algunos fines de semanas largos lo visitábamos en su hogar del  país vecino, con las nuevas autopistas y el puente internacional con la línea asfáltica para viajar sobre elevación computarizada llegábamos en un rato. El trayecto era fascinante, ya no se veían las villas miserias de mi niñez, ahora eran miles de pequeñas poblaciones automatizadas, idénticas, separadas por parques trazados de manera perfecta, en éstos lucían unos artísticos artefactos  que en realidad eran pararrayos. Desde la  altura de la autopista parecían villas de antiguos bungalows africanos, ya que sus techos estaban diseñados para regular la luz del sol, no se usaba la energía orgánica, hace años se había agotado el petróleo, solo algunos pozos, ubicados de manera estratégica, eran resguardados para alguna emergencia. Aún así, se notaba la diferencia de clases y si bien la violencia estaba controlada no había desaparecido. El mundo estaba esperanzado en la nueva camada de políticos que gobernaban, éstos debían seguir una carrera política, cursar post-grados y realizar pasantías en distintas regiones, de esta manera adquirían conocimientos para regular los recursos naturales y económicos de la población. La humanidad fue sufriendo una transformación espiritual, luego de cruentas guerras por el agua entre países hermanos,  la peligrosa situación ambiental de la Tierra provocó una sensación de unidad nunca conocida en la historia del hombre.
                Mi quiebre emocional comenzó luego de las grandes catástrofes que ocurrieron en el planeta. A fines del dos mil setenta desaparecieron unas pequeñas islas del Mar del Norte, los científicos habían previsto la tragedia  ocasionada por la elevación de los mares por el cambio climático global además de haber detectado un leve desvío de la Corriente Cálida Del Golfo lo que produjo un mayor enfriamiento en la Península Escandinava y las Islas Británicas, el paisaje nevado era una característica de  Londres, aún en Primavera y verano. En otras partes del planeta el calor tórrido era insoportable, solo la tecnología permitía su hábitat. La Región Pampeana sufría un clima subtropical y la Patagonia era un oasis templado con el consecuente y lento deshielo de sus glaciares. Una noche de agobiante calor entramos a la casa cerrándola herméticamente, ya no se podía estar en el patio disfrutando del pequeño jardín natural. Mientras Pedro nos servía un cóctel  decidimos sentarnos en el living y mirar el universo, corriendo una parte del techo deslizante, a través de los vidrios especiales que funcionaban a manera de telescopio. Teníamos todo el esplendor del cosmos ante nuestra vista. Yunus me explicaba que según  Stephen Hawking si seguimos un cono de luz hacia el pasado, éste se curva debido a la atracción de la materia del universo primitivo. En ese momento sentí el temblor, me recorrió la espalda, los muslos y las estrellas parecieron titilar a mayor velocidad.
—Mayra, la casa es antisísmica, no sé que pasa pero debe ser algo grave─. Dijo Yunus con preocupación. Encendió el plasma. Las imágenes eran de terror, se había desprendido una parte de la península de California, desapareciendo en el mar cientos de ciudades, el olor a azufre y a muerte inundó el living. El espectacular desprendimiento ocasionaba terremotos y remezones en todo el planeta, provocando tsunamis y desapariciones de costas habitadas. Ya los Geólogos habían previsto estas catástrofes, sus investigaciones coincidían que  en miles de años la península se desprendería del continente americano e iría hacia la deriva a acoplarse con la península de Alaska . El proceso había comenzado.
                Luego de esta tragedia surgió mi depresión. Era un pánico que entraba por mi cuerpo hasta hurgar en mi mente. En los círculos intelectuales se sabía que se preparaba un éxodo escalonado hacia otro planeta con condiciones  para desarrollar la vida, por supuesto esto llevaría miles de años y los primeros en viajar serían las familias más poderosas de la tierra. Pasé meses en un estado de estupor, el amor de mi hijo  y Yunus lograron rescatarme del abismo. Cuando tuve cierto equilibrio emocional y con ayuda profesional supe que debía enfrentarme a ese miedo ancestral de perder lo estable,  a mis seres queridos y sobre todo el sentido de pertenencia a este maravilloso planeta azul.
                Necesité visitar mi antigua casa, ahí es donde me encuentro al comenzar el relato, consejo del médico de recorrer y escribir sobre lo que provocara en mis sentimientos  este rincón de mi vida. En el momento que guardaba algunas fotografías en el bolso sonó el móvil, la carita de mi nieta apareció en la pantalla.
—Abu mirá la muñeca que me regaló Yunus.
 Una  Barbie de mi niñez lucía amorosa al lado de mi nieta, él a su lado, con su sonrisa que iluminaba el universo y no pude conmigo, lloré todo mi pasado y la transición que tuve que recorrer para llegar hasta este momento de la historia de la humanidad que aún no podía asumir. Sentí que hasta en la raíz de mis cabellos habitaba una memoria de mi lejana niñez y la de mis padres. Entre sollozos les pedí que no se preocuparan, era  la emoción pero yo sabía que rompía el estanque del tiempo, tenía que aferrarme a mis amores. Al cerrar la puerta de mi antigua casa, quise de manera simbólica cerrar una época vivida, con amor, con heridas, de manera  intensa, hasta la vorágine. Debía regresar al futuro, aceptar con humildad mi condición humana, hasta cuando Dios quiera, solo somos mortales***



jueves, 22 de marzo de 2018

El jardín de senderos que se bifurcan (El jardín de senderos que se bifurcan (1941; Ficciones, 1944)

Buenas tardes! Hoy es jueves, marzo 22, 2018 y son las 2:46 pm LITERATURA.ES
Jorge Luis Borges
(1899–1986)


El jardín de senderos que se bifurcan
(El jardín de senderos que se bifurcan (1941;
Ficciones, 1944)
A Victoria Ocampo

         En la página 242 de la Historia de la Guerrra Europeade Lidell Hart, se lee que una ofensiva de trece divisiones británicas (apoyadas por mil cuatrocientas piezas de artillería) contra la línea Serre-Montauban había sido planeada para el 24 de julio de 1916 y debió postergarse hasta la mañana del día 29. Las lluvias torrenciales (anota el capitán Lidell Hart) provocaron esa demora —nada significativa, por cierto. La siguiente declaración, dictada, releída y firmada por el doctor Yu Tsun, antiguo catedrático de inglés en la Hochschule de Tsingtao, arroja una insospechada luz sobre el caso. Faltan las dos páginas iniciales.
         “... y colgué el tubo. Inmediatamente después, reconocí la voz que había contestado en alemán. Era la del capitán Richard Madden. Madden, en el departamento de Viktor Runeberg, quería decir el fin de nuestros afanes y —pero eso parecía muy secundario, o debería parecérmelo— también de nuestras vidas. Quería decir que Runeberg había sido arrestado o asesinado[1]. Antes que declinara el sol de ese día, yo correría la misma suerte. Madden era implacable. Mejor dicho, estaba obligado a ser implacable. Irlandés a las órdenes de Inglaterra, hombre acusado de tibieza y tal vez de traición ¿cómo no iba a brazar y agradecer este milagroso favor: el descubirmiento, la captura, quizá la muerte de dos agentes del Imperio Alemán? Subí a mi cuarto; absurdamente cerré la puerta con llave y me tiré de espaldas en la estrecha cama de hierro. En la ventana estaban los tejados de siempre y el sol nublado de las seis. Me pareció increíble que es día sin premoniciones ni símbolos fuera el de mi muerte implacable. A pesar de mi padre muerto, a pesar de haber sido un niño en un simétrico jardín de Hai Feng ¿yo, ahora, iba a morir? Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente me pasa me pasa a mí... El casi intolerable recuerdo del rostro acaballado de Madden abolió esas divagaciones. En mitad de mi odio y de mi terror (ahora no me importa hablar de terror: ahora que he burlado a Richard Madden, ahora que mi gasrganta anhela la cuerda) pensé que ese guerrero tumultuoso y sin duda feliz no sospechaba que yo poseía el Secreto. El nombre del preciso lugar del nuevo parque de artillería británico sobre el Ancre.Un pájaro rayó el cielo gris y ciegamente lo traduje en un aeroplano y a ese aeroplano en mucho (en el cielo francés) aniquilando el parque de artillería con bombas verticales. Si mi boca, antes que la dehiciera un balazo, pudiera gritar ese nombre de modo que los oyeran en Alemania... Mi voz humana era muy pobre. ¿Cómo hacerla llegar al oído del Jefe? Al oído de aquel hombre enfermo y odioso, que no sabía de Runeberg y de mí sino que estábamos en Staffordshire y que en vano esperaba noticias nuestras en su árida oficina de Berlín, examinando infinitamente periódicos... Dije en voz alta: Debo huir. Me incorporé sin ruido, en una inútil perfección de silencio, como si Madden ya estuviera acechándome. Algo -tal vez la mera ostentación de probar que mis recursos eran nulos—me hizo revisar mis bolsillos. Encontré lo que sabía que iba a encontrar. El reloj norteamericano, la cadena de níquel y la moneda cuadrangular, el llavero con las comprometedoras llaves inútiles del departamento de Runeberg, la libreta, un carta que resolví destruir inmediatamente (y que no destruí), el falso pasaporte, una corona, dos chelines y unos peniques, el lápiz rojo-azul, el pañuelo, el revólver con una bala. Absurdamente lo empuñé y sopesé para darme valor. Vagamente pensé que un pistoletazo puede oírse muy lejos. En diez minutos mi plan estaba maduro. La guía telefónica me dio el nombre de la única persona capaz de transmitir la noticia: viviía n un suburbio de Fenton, a menos de media hora de tren.
         Soy un hombre cobarde. Ahora lo digo, ahora que he llevado a término un plan que nadie no calificará de arriesgado. Yo sé que fue terrible su ejecución. No lo hice por Alemania, no. Nada me importa un país bárbaro, que me ha obligado a la abyección de ser un espía. Además, yo sé de un hombre de Inglaterra —un hombre modesto— que para mí no es menos que Goethe. Arriba de una hora no hablé con él, pero durante una hora fue Goethe... Lo hice, porque yosentía que el Jefe tenía en poco a los de mi raza -a los innumerables antepasados que confluyen en mí. Yo quería probarle que un amarillo podía salvar a sus ejércitos. Además, yo debía huir del capitán. Sus manos y su voz podían golpear en cualquier momento a mi puerta. Me vestí sin ruido, me dije adiós en el espejo, bajé, escudriñé la calle tranquila y salí. La estación no distaba mucho de casa, pero juzgué preferible tomar un coche. Argüí que así corría menos peligro de ser reconocido; el hecho es que en la calle desierta me sentía visible y vulnerable, infinitamente. Recurdo que le dije al cochero que se detuviera un poco antes de la entrada central. Bajé con lentitud voluntaria y casi penosa; iba a la aldea de Ashgove, pero saqué un pasaje para una estación más lejana. El tren salía dentro de muy pocos minutos, a las ocho y cincuenta. Me apresuré: el próximo saldría a las nueve y media. No había casi nadie en el andén. Recorrí los coches: recuerdo a unos labradores, una enlutada, un joven que leía con fervor los Anales de Tácito, un sodado herido y feliz. Los coches arrancaron al fin. Un hombre que reconocí corrió en vano hasta el límite del andén. Era el capitán Richard Madden. Aniquilado, trémulo, me encogí en la otra punta del sillón, lejos del temido cristal.
         De esa aniquilación pasé a una felicidad casi abyecta. Me dije que estaba empeñado mi duelo y que yo había ganado el primer asalto, al burlar, siquiera por cuarenta minutos, siquiera por un favor del azar, el ataque de mi adversario. Argüi que no era mínima, ya que sin esa diferencia preciosa que el horario de trenes me deparaba, yo estaría en la cárcel, o muerto. Argüí (no menos sofísticamente) que mi felicidad cobarde probaba que yo era hombre capaz de llevar a buen término la aventura. De esa debilidad saqué fuerzas que no me abandonaron. Preveo que el hombre se resignarña cada día a empresas más atroces; pronto no habrá sino guerreros y bandoleros; les doy este consejo: El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado. Así procedí yo, mentras mis ojos de hombre ya muerto registraban la fluencia de aquel día que era tal vez el último, y la difusión de la noche. El tren corría con dulzura, entre fresnos. Se detuvo, casi en medio del campo. Nadie gritó el nombre de la estación. ¿Ashgrove? les pregunté a unos chicos en el andén. Ashgrove, contestaron. Bajé.
         Una lámpara ilustraba el andén, pero las caras de los niños quedaban en la zona de la sombra. Uno me interrogó: ¿Usted va a casa del doctor Stephen Albert?. Sin aguardar contestación, otro dijo: La case queda lejos de aquí, pero usted no se perderá si toma ese camino a la izquierda y en cada encrucijada del camino dobla a la izquierda. Les arrojé una moneda (la última), bajé unos escalones de piedra y entré en el solitario camino. Éste, lentamente, bajaba. Era de tierra elemental, arriba se confundían las ramas, la luna baja y circular parecía acompañarme. Por un instante, pensé que Richard Madden había penetrado de algún modo mi desesperado propósito. Muy pronto comprendí que eeso era imposible. El consejo de siempre doblar a la izquierda me recordó que tal era el procedimiento común para descubrir el patio central de ciertos laberintos. Algo entiendo de laberintos: no en vano soy bisnieto de aquel Ts'ui Pên, que fue gobernador de Yunnan y que renunció al poder temporal para escribir una novela que fuera todavía más populosa que el Hung Lu Mengy para edificar un laberinto en el que se perdieran todos los hombres. Trece años dedicó a esas heterogéneas fatigas, pero la mano de un forastero lo asesinó y su novela era insensata y nadie encontró el laberinto. Bajo árboles ingleses medité en ese laberinto perdido: lo imaginé inviolado y perfecto en la cumbre secreta de una montaña, lo imaginé borrado por arrozales o debajo del agua, lo imaginé infinito, no ya de quioscos ochavados y de sendas que vuelven, sino de ríos y provincias y reinos... Pensé en un laberintode laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes , olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. El vago y vivo campo, la luna, los restos de la tarde, obraron en mí; asimismo el declive que eliminaba cualquier posibilidad de cansancio. La tarde era íntima, infinita.El camino bajaba y se bifurcaba, entre las ya confusas praderas. Una música aguda y como silábica se aproximaba y se alejaba en el vaivén del viento, empañada de hojas y de distancia. Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines,cursos de agua, ponientes. Llegué, así, a un alto portín herrumbrado. Entre las rejas descifré una alameda y una especie de pabellón. Comprendí, de pronto, dos cosas, la primera trivial, la segunda casi increíble: la música venía del pabellón, la música era china. Por eso, yo la había aceptado con plenitud, sin prestarle atención. No recuerdo si había una campana o un timbre o si llamé golpeando las manos. El chisporroteo de la música prosiguió.
         Pero del fondo de la íntima casa un farol se acercaba: un farol que rayaban y a ratos anulaban los troncos, un farol de papel, que tenía la forma de los tambores y el color de la luna. Lo traía un hombre alto. No vi su rostro, porque me cegaba la luz. Abrió el portón y dijo lentamente en mi idioma:
         —Veo que el piadoso Hsi P'êng se empeña en corregir mi soledad. ¿Usted sin duda querrá ver el jardín?
         Reconocí el nombre de uno e nuestros cónsules y repetí desconcertado:
         —¿El jardín?
         —El jardín de los senderos que se bifurcan-
         Algo se agitó en mi recuerdo y pronuncié con incomprensible seguridad:
         —El jardín e mi antepasado Ts'ui Pên.
         —¿Su antepasado? ¿Su ilustre antepasado? Adelante.
         El húmedo sendero zigzagueaba como los de mi infancia. Llegamos a una biblioteca de libros orientales y occidentales. Reconocí, encuadernados en seda amarilla, algunos tomos manuscritos de la Enciclopedia Perdida que dirigió el Tercer Emperador e la Dinastía Luminosa y que no se dio nunca a la imprenta. El disco del gramófono giraba junto a un fénix de bronce. Recuerdo también un jarrón de la familia rosa y otro, anterior de muchos siglos, de ese color azul que nuestros antepasados copiaron de los alfareros de Persia...
         Stephen Albert me observaba, sonriente. Era (ya lo dije) muy alto, de rasgos afilados, de ojos grises y barba gris. Algo de sacerdote había en él y también de marino; después me refirió que había sido misionero en Tientsin “antes de aspirar a sinólogo”.
         Nos sentamos; yo en un largo y bajo diván; él de espaldas a la ventana y a un alto reloj circular. Computé que antes de una hora no llegaría mi perseguidor, Richard Madden. Mi determinación irrevocable podía esperar.
         —Asombroso destino el de Ts'ui Pên —dijo Stephen Albert—. Gobernador de us provincia natal, docto en astronomía, en astrología y enm la interpretación infatigable de los libros canónicos, ajedrecista, famoso poeta y calígrafo: todo lo abandonó para componer un libro y un laberinto. Renunció a los placeres de la opresión, de la justicia, del numeroso lecho, de los banquetes y aun de la erudición y se enclaustró durante trece años en el Pabellón de la Límpida Soledad. A su muerte, los herederos no encontraron sino manuscritos caóticos. La familia, como acaso no ignora, quiso adjudicarlos al fuego; pero su albacea —un monje taoísta o budista— insistió en la publicación.
         —Los de la sangre de Ts'ui Pên -repliqué— seguimos execrando a ese moje. Esa publicación fue insensata. El libro es un acervo indeciso de borradores contradictorio. Lo he examinado alguna vez: en el tercer capítulo muere el héroe, en el cuarto está vivo. En cuanto a la otra empresa de Ts'ui Pên, a su Laberinto...
         —Aquí está el Laberinto -dijo indicándome un alto escritorio laqueado.
         —¡Un laberinto de marfil! -exclamé-. Un laberinto mínimo...
         —Un laberinto de símbolos -corrigió-. Un invisible laberinto de tiempo. A mí, bárbaro inglés, me ha sido deparado revelar ese misterio diáfano. Al cabo de más de cien años, los pormenores son irrecuperables, pero no es difícil conjeturar lo que sucedió. Ts'ui Pên diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: Me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un solo objeto. El Pabellón de la Límpida Soledad se erguía en el centro de un jardín tal vez intrincado; el hecho puede haber sugerido a los hombres un laberinto físico. Ts'ui Pên murió; nadie, en las dilatadas tierras que fueron suyas, dio con el laberinto. Dos circunstancias me dieron la recta solución del problema. Una: la curiosa leyenda de que Ts'ui Pên se había propuesto un laberinto que fuera estrictamente infinito. Otra: un fragmento de una carta que descubrí.
         Albert se levantó. Me dio, por unos instantes, la espalda; abrió un cajón del áureo y renegrido escritorio. Volvió con un papel antes carmesí; ahora rosado y tenue y cuadriculado. Era justo el renombre caligráfico de Ts'ui Pên. Leí con incomprensión y fervor estas palabras que con minucioso pincel redactó un hombre de mi sangre: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Devolví en silencio la hoja. Albert prosiguió:
         —Antes de exhumar esta carta, yo me había preguntado de qué manera un libro puede ser infinito. No conjeturé otro procedimiento que el de un volumen cíclico, circular. Un volumen cuya última página fuera idéntica a la primera, con posibilidad de continuar indefinidamente. Recordé también esa noche que está en el centro de Las 1001 Noches, cuando la reina Shahrazad (por una mágica distracción del copista) se pone a referir textualmente la historia de Las 1001 Noches, con riesgo de llegar otra vez a la noche en que la refiere, y así hasta lo infinito. Imaginé también una obra platónica, hereditaria, transmitida de padre a hijo, en la que cada nuevo individuo agregara un capítulo o corrigiera con piadoso cuidado la página de sus mayores. Esas conjeturas me distrajeron; pero ninguna me parecía corresponder, siquiera de un modo remoto, a los contradictorios capítulos de Tsúi Pên. En esa perplejidad, me remitieron de Oxford el manuscrito que usted ha examinado.Me detuve, como es natural, en la frase: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Casi en el acto comprendí; el jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts'ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones.Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo. Si se resigna usted a mi pronunciación incurable, leeremos unas páginas.
         Su rostro, en el vívido círculo de la lámpara, era sin duda el de un anciano, pero con algo inquebrantable y aun inmortal. Leyó con lenta precisión dos redacciones de un mismo capítulo épico. En la primera un ejército marcha hacia una batalla a través de una montaña desierta; el horror de las piedras y de la sombra le hace menospreciar la vida y logra con facilidad la victoria; en la segunda, el mismo ejército atraviesa un palacio en el que hay una fiesta; la resplandeciente batalla le parece una continuación de la fiesta y logran la victoria. Yo oía con decente veneración esas viejas ficciones, acaso menos admirables que el hecho de que las hubiera ideado mi sangre y de que un hombre de un imperio remoto me las restituyera, en el curso de un desesperada aventura, en una isla occidental. Recuerdo las palabras finales, repetidas en cada redacción como un mandamiento secreto: Así combatieron los héroes, tranquilo eñ admirable corazón, violenta la espada, resignados a matar y morir.
         Desde ese instante, sentí a mi alrededor y en mi oscuro cuerpo una invisible, intangible pululación. No la pululación de los divergentes, paralelos y finalmente coalescentes ejércitos, sino una agitación más inaccesible, más íntima y que ellos de algún modo prefiguraban. Stephen Albert prosiguió:
         — No creo que su ilustre antepasado jugara ociosamente a las variaciones. No juzgo verosímil que sacrificara trece años a la infinita ejecución de un experimento retórico. En su país, la novela es un género subalterno; en aquel tiempo era un género despreciable. Ts'ui Pên fue un novelista genial, preo también fue un hombre de letras que sin duda no se consideró un mero novelista. El testimonio de sus contemporáneos proclama —y harto lo confirma su vida— sus aficiones metafísicas, místicas. La controversia filosófica usurpa buena parte de su novela. Sé que de todos los problemas, ninguno lo inquietó y lo trabajó como el abismal problema del tiempo. Ahora bien, ése es el único problema que no figura en las páginas del Jatdín. Ni siquiera usa la palabra que quiere decir tiempo. ¿Cómo se explica usted esa voluntaria omisión?
         Propuse varias soluciones; todas, insuficientes. Las discutimos; al fin, Stephen Albert me dijo:
         —En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida?
         Refelxioné un momento y repuse:
         —La palabra ajedrez.
         —Precisamente -dijo Albert-, El jardín de los senderos que se bifurcan es una enorme adivinanza, o parábola, cuyo tema es el espacio; esa causa recóndita le prohíbe la mención de su nombre. Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla. Es el modo tortuoso que prefirió, en cadda uno de los meandros de su infatigable novela, el oblicuo Ts'ui Pên. He confrontado centenares de manuscritos, he corregido los errores que la negligencia de los copistas ha introducido, he conjeturado el plan de ese caos, he restablecido, he creído restablecer, el orden primordial, he traducido la obra entera: me consta que no emplea una sola vez la palabra tiempo. La explicación es obvia:El jardín de los senderos que se bifurcan es una imágen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts'ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravezar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.
         —En todos —articulé no sin un temblor— yo agradezco y venero su recreación del jardín de Ts'ui Pên.
         —No en todos -murmuró con una sonrisa-. El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros. En uno de ellos soy su enemigo.
         Volví a sentir esa pululación de que hablé. Me pareció que el húmedo jardín que rodeaba la casa estaba saturado hasta lo infinito de invisbles personas. Esas personas eran Albert y yo, secretos, atareados y multiformes en otras dimensiones de tiempo. Alcé los ojos y la tenue pesadilla se disipó. En el amarillo y negro jardín había un solo hombre; pero ese hombre era fuerte como una estatua, pero ese hombre avanzaba por el sendero y era el capitán Richard Madden.
         —El porvenir ya existe —respondí—, pero yo soy su amigo. ¿Puedo examinar de nuevo la carta?
         Albert se levantó. Alto, abrió el cajón del alto escritorio; me dio por un momento la espalda. Yo había preparado el revólver. Disparé con sumo cuidado: Albert se desplomó sin una queja, inmediatamente. Yo juro que su muerte fue instantánea: una fulminación.
         Lo demás es irreal, insignificante. Madden irrumpió, me arrestó. He sido condenado a la horca. Abominablemente he vencido: he comunicado a Berlín el secreto nombre de la ciudad que deben atacar. Ayer la bombardearon; lo leí en los mismos periódicos que propusierona Inglaterra el enigma de que el sabio sinólogo Stephen Albert muriera asesinado por un desconocido, Yu Tsun. El Jefe ha descifrado ese enigma. Sabe que mi problema era indicar (a través del estrépito de la guerra) la ciudad que se llama Albert y que no hallé otro medio que matar a una persona con ese nombre. No sabe (nadie puede saber) mi innumerable contrición y cansancio.



[1] Hipótesis odiosa y estrafalaria. El espía prusiano Hans Rabener alias Viktor Runeberg agredió con una pistola automática al portador de la orde de arrestro, capitán Richard Madden. Éste, en defensa propia, le causó heridas que determinaron su muerte. (Nota del Editor.)

Borges anticipó una de las teorías de la física cuántica más importantes.


Alberto Rojo: Borges anticipó una de las teorías de la física cuántica más importantes

Es uno de los casos en que la literatura se puede leer como ciencia y la ciencia se puede leer como ficción


Borges anticipó una de las teorías de la física cuántica más importantes, explica en la siguiente entrevista Alberto Rojo, doctor en física, autor de varios libros de divulgación, y compositor musical. Rojo considera que Borges es uno de los casos maravillosos en que la literatura se puede leer como ciencia y la ciencia se puede leer como ficción. En un nuevo libro, relatará la historia de la física en 13 canciones. Por Emanuel Pujol.



Alberto Rojo: Borges anticipó una de las teorías de la física cuántica más importantes
La ciencia y el arte no están tan distanciados como se cree a veces. Alberto Rojo alude a ello en su libro Borges y la física cuántica y personifica en sí mismo una estrecha cercanía: parte de sus horas las dedica a resolver problemas físico-matemáticos y, una cantidad semejante de tiempo, a componer música.

Su próximo material buscará relatar ni más ni menos que la historia de la física.

Jorge Luis Borges decía no entender nada de física más allá del funcionamiento del barómetro. Sin embargo, el doctor Alberto Rojo asegura que el escritor anticipó, sin saberlo y por más de 15 años, una de las teorías de la física cuántica más importantes.

¿En qué consiste el “hallazgo científico” que Borges realizó a través de la literatura?

Ocurre que, en el mundo cotidiano, es impensable imaginar que los objetos puedan estar en varios lugares al mismo tiempo. En cambio, en la física cuántica, no tiene sentido decir que las partículas estén en un sitio y no en otro.

En el universo de la mecánica cuántica hay que pensar como si las partículas pudieran moverse en cualquier dirección y pudieran estar en varios lugares a la vez antes de que el detector las observe.

Por eso, en la física cuántica, cada vez que hay una medición, el universo se replica en tantas copias como alternativas posibles. Ésta es la única teoría coherente que se ha encontrado hasta ahora y fue publicada por el físico Hugh Everett III, en 1957: la partícula elige todas las alternativas a la vez.

El hecho es que, 15 años antes, en El jardín de los senderos que se bifurcan, Borges había propuesto eso mismo: que el Universo es un laberinto temporal en el que cada vez que uno toma un decisión crea diversos porvenires que se ramifican.

Borges habla de un jardín de senderos y Everett, de un árbol ramificado, por lo que las similitudes entre el cuento y el artículo científico son sorprendentes. Al comparar lado a lado algunos de los párrafos del trabajo de física y del cuento, se encuentra uno de los casos maravillosos en que la literatura se puede leer como ciencia y la ciencia se puede leer como ficción.

Durante la vida, una persona debe optar y dejar de lado algunos porvenires... Elegir entre ser abogado o médico, por ejemplo, pero es como si usted hubiera tomado todas las opciones posibles y hubiese abierto distintos universos: es científico y, al mismo tiempo, es un músico reconocido.

(Risas) Nunca lo había pensado de ese modo. Lo que mencionas sería como una especie de alegoría de mi vida y es una metáfora para reflexionar sobre las limitaciones que, a veces, se suelen poner las personas antes de abordar algunas aventuras de la vida.

Pero, en rigor, lo que ocurre en la física cuántica y en el cuento de Borges es que se van generando varios individuos que no se conocen ni hablan entre sí, que viven en distintos universos paralelos, en uno de los cuales soy abogado, en otro soy médico y en otro universo soy el que soy ahora.
 
En su faceta como músico, ya realizó tres discos y tocó junto a Mercedes Sosa y Charly García. ¿Qué metas tiene a futuro?

Estoy componiendo para el próximo disco con un trío que tengo armado en Estados Unidos, donde estoy radicado. Grabaremos el CD allá y lo sacaremos en Argentina. El desafío que tengo es aventurarme a avanzar un poco más en la unión entre la ciencia y la música, al realizar composiciones que combinen conceptos científicos, aunque sea alegóricamente. En el próximo disco, intentaremos contar la historia de la física en 13 capítulos, en 13 temas.
 
El hacer alusión a los conceptos científicos a través de la melodía y los ritmos no parece una tarea sencilla...

Hay recursos sonoros que evocan cosas. A veces, los sonidos agudos seguidos de otros sonidos agudos pueden hacer pensar en campanitas o en estrellitas, más allá de que las estrellas no hacen ruido. Por eso es que hay incluso un problema lingüístico.
Nosotros, para el próximo disco, debemos pensar cómo tocar la idea de círculos concéntricos, por ejemplo, de círculos que giran dentro de círculos; en cómo narrar musicalmente el desplazamiento del centro del Universo, es decir, de que se abandonara la idea de que el Sol y los astros giran alrededor de la Tierra, para que luego los humanos comprendiéramos que el Universo no tiene centro.
 
Así como la composición de un tema tiene una estética, en Borges y la física cuántica usted explica que las ecuaciones también tienen cierta simetría...

Es cierto, al presentar una ecuación en ciencia, ésta debe tener cierta estética o cierta simetría. Es una de las observaciones que hago en el libro y también durante mis clases. De hecho, hay muchos avances científicos y de la física teórica que se lograron por la búsqueda de cierta elegancia, simetría, simplicidad. Todos estos conceptos son subjetivos; no es que uno trate de explicar un experimento, sino una forma más sencilla de formular las cosas. Y en esa búsqueda de simplicidad se llega a la verdad. Entonces, aquello que la mente percibe como bello, armonioso, encuentra su materialización en el mundo real.
  

sábado, 10 de marzo de 2018

NOVELA, LA NOCHE DE LA FLOR DEL CACTUS. ANA MARÍA MANCEDA, ESCRITORA DE SAN MARTÍN DE LOS ANDES. PATAGONIA ARGENTINA

la noche de la flor del cactus

Sinopsis


Categoría
Novela
Subgénero

Seudónimo Autor

Cantidad de Páginas
209
ISBN o Código Safe Creative
978-987-26737-0-3
Edad Recomendada
Mayor a 18 años
Edición
1ra edición
Resumen
Román Sabatier es arqueólogo. Nacido y criado en la zona de La Vega de San Martín de Los Andes junto a su familia y a un viejo mapuche, Abel Furiman, aprende a amar la historia natural que transmite la geografía de esta región patagónica. Ya recibido y siendo profesor e investigador de la facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata estallará en su vida un juego trágico del destino. Los acontecimientos familiares estarán entretejidos entre la ciudad de La Plata, San Martín de Los Andes y las vicisitudes políticas de la Argentina de 1973- 1974; juventud, nostalgia, utopías, amores, amigos, discípulos, familia, arqueología, ecología, estarán inmersos en los años de una década que determinó la vida de los argentinos sin concesiones.
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sábado, 24 de febrero de 2018

NOTAS PARA UN PRÓLOGO Ana María Manceda es una poeta de larga trayectoria en el ejercicio del verso y el sentir

Los poetas somos como los leones, después de que nos disparen podemos lanzar nuestras garras. Página administrada por el poeta Ramón Palmeral, Alicante (España).. El mejor portal de poetas hispanoamericanos seleccionados. Ramón Palmeral poeta de Ciudad Real, nacido en Piedrabuena.
Contacto: ramon.palmeral@gmail.com
NOTAS PARA UN PRÓLOGO
Ana María Manceda es una poeta de larga trayectoria en el ejercicio del verso y
el sentir, posee una vitalidad y una capacidad de fabulación y metáforas que nos
apabullan, que, sigilosamente nos arrastra hacia su mundo interior y espiritual con
una fuerza invisible que alcanza cotas de lirismo difícil de emular .
Para titular este ramillete de 10 poemas seleccionados (es una suerte que nos
hayan llegado a la revista “Como el Rayo”), he usado el título del primero de ellos
«Buceando en el infinito», que sin duda alguna es una síntesis del poemario, donde
descubrimos la arista del «poeta encerrado», porque todo poeta se encuentra
encerrado en su cárceles interiores, en sus moradas de las que hablara Santa
Teresa de Ávila. A veces la inquisición de la palabras es un pretexto para confesar
lo inconfesable y llevarnos de la mano por mundo nuevos.
Manceda tiene versos bellísimos, que sólo el alma desnuda de una poeta de
verdad puede llegarnos a la ciudad de los inmortales de Borges, geometría del aire
que rompen sus locos pájaros de la noche (poema 5) que es una maravillosa
transición hacia lo invisible. Nos hablará de silencios y de las sirenas, de bellos
caballos (yo me he permitido traer al escenario poético una yegua blanca, el más
destacado color de los caballos andaluces), y de locos pájaros. A la vez el alma
diamantina de la poeta se rebela contra la falta de un amor verdadero, y «el temido
llanto asoma» (v.18, poema 2), a veces sus palabras crujen con voz propia « El
poeta encerrado jugaba a descubrir el sol » (v.1, poema nº 1). Usa la sinestesia
como en «pinten de colores sonrisas universales » (v.17 poema nº 3), porque sus
versos son recursos para hablarnos al oído con palabras de amor, de invisibles
seres o entes como el «agua leona del río» (v.10, poema 8), o del sufrimiento de la
madre transparente, son sus versos que «quieren derretir la lava seca y fría» (V,14,
del poema nº 3). Poco a poco, ella nos lleva por sus versos hasta el número 10 y
último «La gota» para prendernos entre los cristales de infinito y maravilloso
prisma.
En definitiva, a mí me ha dejado extasiado, yo podría muy bien compararla con
Gabriela Mistral o con algunos versos de Rubén Darío en «Azul» pero las
comparaciones son odiosas, creo que Ana María tiene luz propia y ya sus
abundantes éxitos lo demuestran.
Con esta breve nota y, desde la revista COMO EL RAYO, invitamos a los
lectores a una lectura de este poemario que ha sido un feliz hallazgo y un
afortunado regalo.
El director:
Ramón Fernández Palmeral
COMO EL RAYO
3
1
GRACIAS RAMÓN PALMERAL! POETA Y PINTOR DE ALICANTE ESPAÑA.
Textos recuparados. De la revista digital "Como el Rayo". Ana María Manceda

martes, 13 de febrero de 2018

Ana María Manceda, Embajadora del idioma español.Febrero 2018

ME ENVIARON NUEVO DOCUMENTO PARA REALIZAR MEJOR LA COPIA¡ GRACIAS FUNDACIÓN CÉSAR EGIDO DEL MUSEO DE LA PALABRA!MADRID , FEBRERO, 2018.-

lunes, 29 de enero de 2018

LAS MUJERES DE MI EDAD




                                                            

NACIMOS EN EL SIGLO PASADO, CUANDO LA RADIO UNÍA A LA FAMILIA
Y LAS COMILONAS DE LOS DOMINGOS ENFRENTABAN A LOS PARIENTES POR CUESTIONES DE FÚTBOL Y POLÍTICA. PERO ESTÁBAMOS ACOMPAÑADAS. LOS ROLES FAMILIARES ERAN DEFINIDOS,
LOS ABUELOS, LOS TÍOS, LOS PADRES,  LOS HERMANOS, LOS PRIMOS, LOS VECINOS.
LA EDUCACIÓN, LA SALUD, LA “MORAL” ERAN PRIORITARIOS. ANTE UNA EMERGENCIA AHÍ ESTABAN TODOS LOS “ PELEADOS” PARA AYUDAR EN LO QUE FUERA. CUMPLEAÑOS, CASAMIENTOS, VELORIOS, TODA UNA COMUNIDAD FAMILIAR UNIDA, AÚN CON EL DEJO DE HIPOCRESÍA INHERENTE A LAS SOCIEDADES HUMANAS.



AHORA, NUESTROS HIJOS TRAJERON LA NUEVA COMUNIDAD, LOS TUYOS, LOS MÍOS , LOS NUESTROS. LOS PADRES SEPARADOS, SOLOS.
 SI ALGUIÉN MUERE LOS HIJOS NO LLEGAN, ESTÁN MUY LEJOS O LOS PADRES COBIJAN A SUS HIJOS, NO ALCANZA EL PRESUPUESTO PARA SU INDEPENDENCIA, NO TIENEN ESPOSAS SINO COMPAÑERAS, Y SUS HIJOS LOS LLAMAN POR SU NOMBRE, NO SON PAPÁ Y MAMÁ. ALGÚN NIETO ENCUENTRA LA FELICIDAD CON UNA PAREJA DEL MISMO SEXO.
LO QUE EN NUESTRA JUVENTUD NOS GUIÓ FUERON LA FILOSOFÍA EXISTENCIALISTA O EN LA MAYORÍA DE LOS CASOS  LA SANTA MADRE IGLESIA, HOY NOS GOBIERNA  EL POSMODERNINSMO.
 LA HIPOCRESÍA SE DESDIBUJA EN BRUTALES VERDADES, LAS TEORÍAS COGNITIVAS Y OTRAS TEORÍAS DEL SICOANÁLISIS PARA CURAR EL PÁNICO, LA ANSIEDAD ETC..ETC.  QUIZÁS HAYA UN “MIEDO A LA LIBERTAD”  Y NOSOTRAS, AÚN FUERTES, AÚN VIGENTES, AÚN PENSANTES, Y  POR QUÉ NO AÚN HERMOSAS,  NADANDO ENTRE DOS SIGLOS, VARIAS GENERACIONES Y MILES DE CAMBIOS DEBEMOS AFONTAR LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE DE NUESTROS VIEJOS, LA VIRTUAL INDEPENDENCIA DE NUESTROS HIJOS, LA NUEVA SEXUALIDAD DE NUESTROS NIETOS, NUESTRA PROPIA EXISTENCIA DE ANTIOXIDANTES, ANTIINFLAMATORIOS Y ANGUSTIAS ANCESTRALES. AQUÍ SEGUIMOS, ESTOICAS, ADAPTÁNDONOS A TODO, PORQUE SOMOS MUJERES DE ESAS QUE TUVIMOS EL PRIVILEGIO DE UNA EDUCACIÓN DE EXCELENCIA, UN AMOR DE COMIDA CALIENTE,  MÉDICO DE FAMILIA, RETOS MORALES, ROPA LIMPIA POR EL ESFUERZO ESTOICO DE NUESTRAS MADRES, LIBROS COMPRADOS CON MUCHO SACRIFICIO Y ABUELOS PRESENTES CON ARRUGAS SIN BOTOX Y LA MIRADA MARCADA POR UNA ARDUA VIDA. PERO,  POR ALGÚN MISTERIO BIQUÍMICO NUESTRO CEREBRO VIAJA VERTIGINOSO PARA AFRONTAR LO QUE NOS QUEDA DE VIDA Y EN ESO NO VAMOS A CLAUDICAR. CON AFECTO PARA TODAS LAS MUJERES DE MI EDAD.
 ANA MARÍA MANCEDA




PD: AHORA TENEMOS INTERNET, LA COMUNICACIÓN MÁS DEMOCRÁTICA PARA LOS QUE NO TENEMOS EL PODER DEL PERIODISMO.

martes, 16 de enero de 2018

CERTIFICATE OF RECOGNITION AWARDED TO ANA MARÍA MANCEDA

Comparto con mis amigos esta distinción que he recibido con agradecimiento. Es una fundación cultural en la que cada año colaboro con poemas-




jueves, 28 de diciembre de 2017

Opinión. Emocionante y adictiva es la novela El Gigante Enterrado de Ishiguro Kazuo

Opinión. Emocionante y adictiva es la novela El Gigante Enterrado de Ishiguro Kazuo


Por: Carlos Castro Arias


Una historia medieval con guerreros, monjes, caballeros, dragones y una neblina traicionera, se encuentran en El Gigante Enterrado de Ishiguro Kazuo, Premio Nobel 2017. 
Es la séptima novela del escritor británico de origen japonés, fue publicada en Europa en el 2015 y, posteriormente, fue traducida al castellano por Mauricio Bach y publicada por Anagrama en el 2016.

La obra de 364 páginas, repartida en 17 capítulos, hipnotiza desde la primera hasta la última línea. Es una de esas novelas que se lleva a todas partes porque cualquier momento libre es bueno para conocer qué pasa con los personajes.

El Gigante Enterrado gira en torno a una pareja de ancianos, Beatrice y Axl, quienes anhelan encontrar a su hijo quien desde hace muchos años los dejó para buscar su propia vida. En el camino de búsqueda se encontrarán con misteriosas mujeres, barqueros, viudas vengativas, monjes con extraños rituales, guerreros de diferentes generaciones, ogros, dragones y referencias al Rey Arturo y sus caballeros.

Es sin duda una novela apasionante, con una narrativa bien elaborada que mantiene vivo el interés por la historia, el desenlace se conoce hasta el final, pero para comprenderlo es necesario unir varios detalles que se conocen a lo largo de la obra. No se arrepentirán cuando se decidan por leer esta magnífica novela.

En algunos segmentos no sabemos si el autor o el traductor, recurre al castellano en quinta persona y es ese detalle el que refuerza la época medieval de caballeros, espadas y dragones.

Es fácil que el lector se sienta identificado con el amor entre la pareja, el heroísmo de los caballeros o por cualquiera de los pasajes misteriosos descritos con detalladas características.

Coincidimos con la crítica literaria internacional que elogia la obra y su autor: Nail Gaiman de The New York Times afirmó que la novela permanece en la memoria y es excepcional; John Sutherlandde The Times se enfoca en resaltar la narrativa de Kazuo de quien afirma que sus novelas son maravillosas películas; Jackson Cowley de Financial Times con dos palabras lo dice todo "Emocionante y perturbadora"; mientras que David Sexton de The London Evening Standardafirmó que además de ser original, tiene una peculiar e hipnótica belleza, solo algunas de las buenas críticas para El Gigante Enterrado y su gigante autor Ishiguro Kazuo